Otro cuento o relato corto :3
Es de los que salen con el taller literario. Esta vez nos daba unas citas para incluir (lo en rojo), había que crear un ambiente de suspenso incluyendo un insecto y un personaje humano…
Aunque también incluí un personaje mío que curiosamente lo creé para la prueba de teatro o_o. Es el único que tiene nombre.
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.: La Cueva :.

Las cortinas cerradas. El terciopelo que cae con gruesos pliegues. El techo abovedado que recoge las sombras. Una que otra gota de luz que se filtra, se licúa en el suelo formando charquitos polvorientos. La cama es tan grande que ocupa toda una pared de la habitación, entre cuatro columnas de madera tallada, entre cortinas bordadas y cordeles de seda. En un rincón un enorme cofre de madera negra con remaches en hierro también negro.
La espalda contra una pared, un niño se encuentra aovillado contemplando con ojos vacíos las pequeñas partículas que bailan brillantes al contacto con aquellas atrevidas gotas de luz que se escurrieron de las pesadas cortinas. No se mueve y apenas si respira con dificultad el espeso y rancio aire de la alcoba. La oscuridad lo envuelve como una madre y tranquiliza un poco las ansias y miedos que no han dejado de atosigar su pequeño espíritu desde hace ya mucho tiempo, o eso cree recordar. En su mente el tiempo no parece transcurrir, como si el eterno movimiento de la tierra hubiera sido detenido por un par de gigantes manos, pero en realidad el pequeño espera, tan pacientemente como le permite su naturaleza.
Sin previo aviso el chiquillo se levanta, como si un resorte lo hubiera impulsado o alguien con una alfiler pinchado. Corre en dirección a la cama y se ubica allí con un ágil salto. Una blanca sonrisa alumbra sus facciones infantiles pero cansadas por un peso y un dolor más profundo de lo que se pueda calcular, simplemente porque no es calculable. Sus impresionantes ojos verdes brillan con vida ahora, mientras sostiene un pequeño frasco de vidrio en sus manos.
-Ya vienen, ¿verdad? Yo se que sí, mamá ya viene, ¿verdad que si hermanita? ¡Dime que si! –ruega al transparente frasco en cuyo interior descansa una bellísima mariposa negra-. Por favor hermanita, ¿verdad que viene mamá? –llora desconsolado.
Todo tiene un límite en el universo, aún la mente, incluso la de un infante cuyo interior siempre es soleado, incluso en ellos las sonrisas pueden apagarse.
-¿Por qué no viene mamá? –le pregunta a la mariposa-. Si yo me porté bien… entonces… ¿por que todavía no llega?
El insecto hace un amague de volar dentro de su pequeña jaula, y el niño por su parte no le quita los ojos de encima. Su hermana mayor seguramente quiera decirle algo así que debe prestar mucha atención. Su pequeña mente aún no comprende que esa frágil mariposa no está hecha para vivir así, al igual que él no lo está para afrontar la realidad que lo golpea con tanta crueldad que ya no sabe como puede escapar.
-Esperaremos un poco más entonces, pronto mamá vendrá, ella siempre cumple, ¿verdad que sí?
Esboza una pequeña sonrisa antes de volver a su lugar contra la pared. Afuera está oscureciendo, ya ni siquiera el sol puede intentar acariciar la blanca piel del niño pues ha llegado el momento de que el astro ceda el trono a la doncella de pálido rostro, cuya sutil y tenue luminiscencia no es suficiente para ofrecer consuelo a esa atormentada alma a la espera.
El tiempo transcurre con lentitud, cual moribundo que se arrastra miserablemente sobre su vientre, el “tic, tac” de un reloj parece decrecer hasta morir. El aire, el mismísimo tiempo tan inmutable e imperturbable a los dedos de los mortales, la vida e incluso su Némesis parecen haberse detenido y flotar en el ambiente de la oscura alcoba, tan tangibles como si poseedores de un cuerpo fueran. El mundo entero parecía detenerse a esperar, como si Chronos hubiera despertado aburrido y comenzara a jugar deteniendo los relojes, el movimiento, todo… mas nada de eso ocurría, nadie había en la alcoba, solo el niño, su mariposa y su fantasía, su mundo, su único refugio.
Al igual que hiciera horas antes, el chiquillo abandona su posición fetal y su expresión ausente y vacía para sustituirla por una energía imbatible y una alegría ajena y extraña en el tenebroso lugar donde espera algo. Los relojes reanudan su marcha mientras el niño, de cabellos como el oro y ojos como una pradera en una soleada mañana de primavera, aferra nuevamente el frasco con la agonizante mariposa dentro.
-¡Esta vez sí! Ya viene, yo se que ya viene. ¡Vamos hermanita! Tenemos que prepararnos para recibir a mamá… -comenzó con alegría pero se silenció ante la inmovilidad del insecto- ¿Por qué no te preparas? –preguntó con tristeza que se transformó en ira-. ¡¿Acaso no quieres que vuelva?! ¡¡¿Por qué no quieres que ella vuelva?!! –gritó zarandeando el recipiente con violencia y fuerza, donde aquella indefensa criatura de la naturaleza rebotaba contra los duros muros de su transparente prisión, quebrándose como una frágil hoja azotada por un huracán.
Un nuevo silencio cae sobre la habitación que la engulle voraz. La tensión crece como un hilo de agua que se transforma en una devastadora fuerza destructora arrasándolo todo, incluso a la cordura.
-¿Hermana? –pregunta asustado el chiquillo al ver como la mariposa ha detenido todos sus movimientos-. ¿Qué te pasa?
Nada. Solo silencio y quietud.
Su mente no logra aún hilvanar la definición de la muerte y sus significados, mas conoce su consecuencia: la soledad. Esa vieja traicionera que extiende sus garras apresando a su víctima y nunca soltándola por completo, paradójicamente acompañándola por siempre, desgarrando con oscuro placer todas estas almas.
Cristalinas lágrimas perlan los ojos del niño como diamantes, surcando luego sus suaves mejillas y encontrando su tumba en la suave tela que cubre la cama. Solos los sollozos reverberan en el recinto. ¿Qué será ahora de él?
Nuevamente la inmovilidad posesiona el lugar obrando sobre cada rincón, convocando un hechizo, congelando cada milímetro cual cruel nevada, atrapando al horror, la tristeza, la soledad y la desazón dentro de la estancia y el corazón, eternamente joven del niño.
Una risa como el canto de mil pájaros resuena traviesamente en el borde de un bosque, desde donde se puede ver la entrada a una cueva y donde, metros más adentro, una puerta flanquea el paso a una oscura y fría habitación en cuyo interior raramente se cuela la luz, como un ladrón que, furtivamente, sortea el laberinto de terciopelo que cae como una cascada ocultando el interior y sus secretos.
-¡Que tontos son los humanos! –exclamó para si mismo el propietario de la risa.
El niño, de cabellos y ojos tan negros como las alas de un cuervo y la piel tan blanca como el marfil, dirigió una última mirada de desprecio y diversión a la cueva antes de desaparecer como un sueño.
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-Y esa es la historia de esta cueva –finalizó con voz misteriosa Moira, un niño de cabello color azabache y ojos azules como dos retazos de cielo-. Incluso se dice que aún se pueden escuchar los sollozos del niño maldito si te acercas demasiado.
-¿Y… quien era ese otro niño? –preguntó una chica que observaba la tenebrosa cueva con reverencia y miedo.
-Él es el destino, el que escribe todos los finales de todos los hombres y mujeres del mundo. A veces felices y a veces no, eso lo decide él, el “niño eterno”.
-¡Que aburrido debe ser! –exclamó con un bostezo otro de los chicos.
-Si, tienes razón –concedió Moira con una sonrisa traviesa colgando de las comisuras de sus carnosos labios. Sus ojos, ahora más oscuros que antes, como anunciando tormenta.
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~.*.~BeSoS hElAdOs~.*.~


